¿Quién dice que un astronauta no puede comer chilaquiles? Ahí tenemos el caso de [Rodolfo] Neri Vela [Primer astronauta mexicano], que los pidió y se los comió en órbita terrestre.
-Irving Roffé
Por Diego I. Pescador
La ciencia ficción (CF)
presenta una gran variedad temática; no todas sus historias son proyecciones del
mundo hacia un tiempo o un lugar diferentes.
En aquellas historias que sí
lo son se puede notar que tal tiempo o tal época son influidos por el lugar y
el momento desde el que se
escribieron y que existen conexiones que salvan la distancia entre milenios o planetas. Sin embargo estas conexiones son
meramente secundarias; no suelen ser las ideas centrales y son reminiscencias
que el autor no puede evitar.
En cambio aquellos relatos que
sí se ambientan en un mundo totalmente dependiente de la realidad del escritor y
que tratan de mostrar una historia a
partir de ella dan lugar a lo que se conoce como localismo de la ciencia ficción.
Dichos relatos tienen un tono o
un desarrollo limitado por la realidad social y geográfica del autor. Son su
retrato desde alguna perspectiva propia del género; a veces la perspectiva de
un retrato nos habla sobre su intención.
Como es de suponerse, esta
clase de cuentos se ha escrito en México:
En esta ocasión les presento
el cuento De cómo el Roñas y su mamá
salvaron el mundo de Héctor Chavarría.
Dejamos de lado el tono
solemne que suelen tener algunas producciones mexicanas al influenciarse por
algunos matices de nuestro carácter histórico, el cuento de esta ocasión es más
propio de la sociedad suburbana de la última década del siglo pasado, esa era
confusa e indefinida donde cualquier gesto artístico de nuestra
subcultura tenía siempre algún toque irónico que se define en la frase pues qué le vamos a hacer, la verdadera
jaculatoria nacional de la época.
Aunque cueste creerlo, no
todos los ovnis y encuentros cercanos ocurren en EE UU, Héctor Chavarría no nos habla de la ciudad de Nueva York tras
la nueva hecatombe de efectos remasterizados. Más bien nos habla de la Ciudad
de México con sus edificios departamentales improvisados, esas horribles
costras tras el sismo del 85.
Les muestro este cuento para
demostrar que la CF también ocurre, a veces, en lugares como Iztapalapa o el Tepito
de los noventa, y que al ocurrir ahí se convierte en sátira social, en este
caso al convivir repentinamente una tropa de ovnis y un tepiteño promedio y así
salvar al mundo.
He aquí pues, el cuento de
Héctor Chavarría.
En la próxima semana; La ciencia ficción y la
desolación del mundo.
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